Domingo, 29/Nov/09 18:18
Que la entidad no fue sólo un sitio de paso, que la Chichimeca no fue la primera civilización que habitó el territorio estatal y que por ello deberán modificarse los libros de historia de Aguascalientes son los principales resultados de la investigación que, desde el año 2000, el equipo de arqueólogos del centro Inah en la entidad, afirmó Ana María Pelz Marín, arqueóloga encargada de coordinar el proyecto desde su inicio.
El hallazgo se realizó en la zona El Ocote, donde ya desde 1982 se tenía conocimiento del abrigo con pinturas rupestres (aún sin estudiar con detenimiento) que existía, y son restos distribuidos en un espacios de aproximadamente 60 hectáreas que, si bien es un espacio considerable, “no es de los sitios más grandes que tenemos para el estado”, indicó la especialista.
Se trata de una civilización anterior a las tribus Chichimecas (Huachichiles, Zacatecos, Huamares, etc.). “Probablemente sean los antecesores –sugirió Pelz Marín-, pero tampoco podemos decirlo con una certeza absoluta” porque los fechamientos con carbono XIV, las identificaciones de ADN tardarán todavía unas semanas y un año, respectivamente, en arrojar resultados más precisos.
Además de los vestigios arquitectónicos, consistentes principalmente en un área ceremonial y otra habitacional, se han encontrado 17 entierros humanos, uno de ellos de un infante, “restos alimenticios de maíz y de frijol”, joyería y objetos asociados de diferentes materiales, como barro y concha, entre otros restos.
A decir de la arqueóloga, “todo esto nos va a permitir, si no hacer una reconstrucción absoluta de la sociedad que se desarrolló en esa época, sí por lo menos darnos algunas ideas relacionadas con estas poblaciones”.
Por ejemplo, comentó, aunque no se han estudiado “las características físicas de los individuos” como sexo o edad exacta, de los entierros puede conocerse mucho de su forma de rendir culto; muestra de ello que las osamentas de adultos están flexionados y colocadas sobre un costado, mientras que la del infante está sentada. “En la mayoría de estos enterramientos hay una característica muy particular que es la falta de huesos de pies”, agregó.
Además, al ver los objetos asociados y los materiales de esta y otras localidades –se está estudiando si la concha es de la costa oeste o el pacífico- se puede afirmar que tuvieron comunicación con civilizaciones de esos lugares, que probablemente tenían una organización social por clases y que, con base en los restos alimenticios, ya no eran recolectores, sino agricultores.
Con respecto a las construcciones, previó Ana Pelz, se podrá definir cómo distribuían las áreas, la convivencia que tenían, su manera de rendir culto, de cocinar, etc.
Apuntó que “en los alrededores podríamos decir que había otras poblaciones también, contemporáneas a la población prehispánica del Ocote, que también estaban distribuidas en la región”, que es bastante amplia.
Presumiblemente, el asentamiento del Ocote tuvo relación con poblaciones de lo que hoy es Jalisco, Zacatecas, Guanajuato, etc. “porque vemos muchos elementos que se identifican en estos lugares (…) a pesar de que no tenían los medios de comunicación”.
Pelz Marín relató que después de las pinturas, fue hasta entre 1991 y 1994 que arqueólogos adscritos al Instituto Nacional de Antropología e Historia hicieron el levantamiento topográfico y posteriormente, en el 2000 se descubrieron los vestigios arquitectónicos y entierros humanos con características muy particulares.
Por la comparación de restos cerámicos que el equipo ha hecho, calculó que las osamentas, los ornamentos y las construcciones halladas datan de entre los años 600 a 900 d.C.; falta que los laboratorios del Distrito Federal den fechamientos más precisos, aunque se espera encontrar incluso vestigios más antiguos.
Comentó que “encontramos que en realidad existían muchos sitios con un asentamiento ya muy estructurado, lo que serían ya las poblaciones de ciertas dimensiones de lo que sería la época prehispánica”.
Proyecto “de muy largo plazo” que requiere alta inversión
Pelz Marín relató que después de 1982, cuando se tuvo conocimiento del panel mayor de pinturas rupestres, fue hasta entre 1991 y 1994 que arqueólogos adscritos al Inah regresaron a la zona para hacer el levantamiento topológico correspondiente y posteriormente fue hasta 2000, cuando ella llegó a Aguascalientes tras haber solicitado su cambio del centro Inah de Morelos, que surgió el proyecto como tal.
Desde entonces, se ha trabajado por temporadas anuales con duración de seis a ocho semanas. El proyecto podría estar terminado hasta una etapa en la que pudiera abrirse al público en unos dos años, pero la exploración no estaría terminada.
Admitió que “en cierto modo tiene mucho que ver la cuestión de los recursos” en la prolongación del trabajo científico y de campo que ha requerido la zona. Calculó que en cada uno de los años que se ha trabajado, se han invertido aproximadamente 40 mil pesos, lo que en realidad es muy poco si se toma en cuenta que deben costearse estudios en otras entidades del país, pagos para el arqueólogo que no está adscrito y, sobre todo, vigilancia de la zona, que no está abierta al público.
Pero además del dinero, la enorme cantidad de trabajo que los laboratorios del Inah en la capital del país reciben de toda la República es otro de los factores de influencia en la duración del trabajo; a ello se agrega que son pocos los especialistas con que se cuenta en el estado y específicamente en el proyecto.
Como ejemplo, está el hecho de que además de las ya conocidas se sabe de la existencia de otras pinturas rupestres en la zona, pero como requieren de un tratamiento especial y estudios de iconografía y lenguaje, no han sido estudiadas a fondo todavía.
En este proyecto, integran el equipo Ana María Pelz, el arqueólogo contratado por proyecto Jorge Luis Jiménez Meza, así como dos biólogos de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA).
Desde 2005 se solicitó presupuesto específico para el proyecto, mismo con el cual no se contó por la situación económica; para 2010, la indicación es volver a solicitarlo y hay buenas posibilidades de que sea otorgado, aunque no será un recurso muy elevado.
Para abrirlo al público se requiere adicionalmente presupuesto para acondicionarlo y de lograr que se abra, será el primer sitio arqueológico de la entidad abierto al turismo.
viene de: http://lajornadaaguascalientes.com.mx
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