martes, 21 de abril de 2009

Investigadores españoles hallan en México las raíces del color azul maya

20/04/09 | por SINC | Sección: Ciencia y tecnología

La antigua civilización maya utilizaba una arcilla poco frecuente llamada palygorskita para fabricar un pigmento, el azul maya. Combinando métodos estructurales, morfológicos y geoquímicos, investigadores españoles han descrito las características comunes a las palygorskitas de la península mexicana del Yucatán. Los resultados permitirán saber de dónde se obtienían los materiales para fabricar el pigmento que resiste al tiempo y a las agresiones químicas y medioambientales.

Un equipo español de investigación ha trazado el itinerario que siguieron los mayas para conseguir uno de los dos ingredientes básicos del pigmento azul maya, la arcilla palygorskita. “Nuestro primer interés radicaba en saber si los mayas extrajeron estas arcillas de un lugar determinado”, comenta a SINC Manuel Sánchez del Río, coautor del estudio y físico del European Synchrotron Radiation Facility de Grenoble (Francia).

Junto a Mercedes Suárez, del Departamento de Geología de la Universidad de Salamanca y Emilia García Romero, de la Universidad Complutense de Madrid, el grupo ha analizado diferentes muestras de arcillas palygorskitas en la península del Yucatán para compararlas con otras muestras de otros orígenes. Los resultados aparecen en el último número de la revista Archaeometry.

Las palygorskitas han sido utilizadas en Mesoamérica desde la antigüedad. Existen múltiples datos que sugieren que los mayas conocían sus propiedades y, es más, que esta arcilla estaba muy relacionada con aspectos socioculturales de la cultura maya.

Sánchez del Río lo explica a SINC: “las actuales comunidades indígenas de la península del Yucatán conocen y utilizan la palygorskita con fines tan variados como fabricar velas el Día de los Muertos, producir piezas de cerámica caseras y artísticas, o como tratamiento médico”. Como agente curativo era utilizada contra las paperas, el dolor abdominal, dolores del embarazo y como medicamento para la disentería. Hoy la farmacología moderna utiliza arcillas como la palygorskita para elaborar antidiarreicos, algo que los mayas hicieron desde hace más de un milenio.

Pero su uso más importante es para fabricar el pigmento azul maya, que se elabora mezclado índigo, un colorante orgánico que obtenían de la planta añil, con una matriz arcillosa de palygorskita, y que da lugar a un componente extraordinariamente resistente a las agresiones químicas o medioambientales.

Los yacimientos darán más información

Los investigadores recogieron palygorskitas de gran pureza en varios lugares de la península del Yucatán, dentro de un radio de 40 kilómetros alrededor del conocido sitio arqueológico maya de Uxmal. Algunos de esos lugares estaban bien documentados, pero otros han sido descubiertos por primera vez en esta investigación.

La abundancia de esta arcilla en las muestras recogidas ha permitido comprobar que es un mineral frecuente en la península.

Los análisis cristaloquímicos han permitido a los investigadores obtener la fórmula de la composición de las palygorskitas mayas: (Si7.96Al0.07)O20 (Al1.59Fe3+0.20Mg2.25) (OH)2 (OH2)4Ca0.02Na0.02K0.04 4(H20).

Estos resultados serán útiles para estudiar restos arqueológicos con azul maya y determinar si las palygorskitas utilizadas en el pigmento fueron extraídas en los alrededores de Uxmal.

El azul maya se inventó entre los siglos VI y VIII y se encuentra en esculturas, frescos, códices y decoraciones precolombinas en toda Mesoamérica, desde la costa del Golfo de México hasta el Pacífico. Fue utilizado durante la colonia para pintar frescos en iglesias y conventos. En 1931 el redescubrimiento del pigmento azul maya desconcertó a la comunidad científica por la estabilidad y persistencia de este color encontrado en objetos datados en tiempos precolombinos. Este pigmento milenario, que se ha revelado inmune al paso del tiempo, de la erosión, de la biodegradación y de los disolventes modernos, se considera el precursor de los modernos materiales híbridos, compuestos de diseño orgánico-inorgánico con propiedades de interés en alta tecnología.


Coxcatlán no es el lugar de origen de la mazorca, según Marie–Areti Hers

YADIRA LLAVEN

Las mazorcas encontradas en Coxcatlán, Tehuacán, que datan de hace unos 7 mil años, “no indican que esta región sea la cuna del maíz. Hay que aclarar que esta zona del país es muy árida y no es propicia para la siembra. Es muy posible que la cueva haya servido de almacén”, y no como lo pensó Richard Mc Neish, cuando la descubrió en la década de los 70, según la doctora en Arqueología e Historia del Arte por la Université Libre de Bruxelles MaríeAreti Hers, que aseguró que es muy probable que el origen se encuentre en el valle de México.

La reconocida especialista en la historia antigua mesoamericana y autoridad en el tema del arte arcaico, con más de una veintena de libros publicados, estuvo en la ciudad para ofrecer una charla acerca de la tecnología paleolítica y el arte rupestre, en el Museo Amparo.

El fin de semana, Hers, quien además es integrante del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, realizó un recorrido por el arte arcaico desde las cuevas de Lascaux y Chauvet, encontradas en Francia, hasta las pinturas rupestres de Hidalgo y Puebla.

Fue ahí donde debatió acerca del origen del maíz, que “es una larga discusión, pues realmente no es Tehuacán, porque es un territorio adverso, no es un lugar hospitalario. Todo apunta al valle de México, porque era una zona más fértil y representaba un espacio estacionario para las culturas nómadas, como los mexicas. Además, cabe pensar que el maíz fue sembrado como horticultura”.

Esta polémica, adelantó, será argumentada en el libro Los paleopaisajes del valle de México, que escribe con otros investigadores y en breve será publicado.

Entre otros temas, la integrante del Sistema Nacional de Investigadores señaló que “Mesoamérica vive y no está muerta”, tras enumerar una serie de ejemplos acerca de los rituales prehispánicos que los pobladores de las comunidades más apartadas del país siguen realizando, como lo hacían sus antepasados. Una de estos es la celebraciones es el Día de la Candelaria en el cerro de Coatepec, en Hidalgo.

Ahí, agregó, “las mujeres, los ancianos y los niños todavía siguen bendiciendo sus semillas, como el maíz, al mismo tiempo que al niño dios, una de las expresiones más claras del sincretismo cultural en México”.

A raíz de su importancia, Hers encabezó el proyecto La mazorca y el niño dios, a las que nombra como “dos criaturas sacrificadas para la vida”. A lo largo de seis años de investigación, de subidas y bajas por la montaña, “nos hemos dado cuenta que la mazorca está desapareciendo. La gente está dejando de sembrar maíz por irse a Estados Unidos. Ahora, en lugar de bendecir la mazorca y al niño dios, se llevarán la criatura y un fajo de dólares”.

Con el paso de los años, señaló, “el maíz se ha vuelto un lujo en México”, a tal grado que ha importado el grano del que se enorgullece de tener la denominación de origen, que se constata en la constante alza del precio de la tortilla.

“La situación es grave. Es un asunto serio para nuestro país, que tiene un futuro incierto”.

Finalmente, del arte arcaico en Puebla destacó las pinturas y murales de los ex conventos ubicados en el estado, que pese a la conquista se siguieron realizando con el sello particular de los indígenas, un eslabón entre la época antigua y la virreinal.