A unos metros del río Sabinas, en Parás, se localiza uno de los sitios arqueológicos más importantes de NL, el cual busca ser expropiado para su protección y exploración por el INAH.
Dentro de poco, la plazoleta donde se reunían las tribus antiguas hace tres mil años resurgirá frente al imponente frontón de roca con hermosos grabados enigmáticos.
En la zona arqueológica denominada como el Frontón de Piedras Pintas pronto iniciarán los trabajos de investigación y acondicionamiento, pues tanto las autoridades municipales de Parás como el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de Nuevo León expropiarán dos hectáreas del terreno, en busca de conocer más de la importancia del sitio así como para adecuar la visita del público.
Enclavado en un desértico paraje, a unos escasos metros del convaleciente río Sabinas, el Frontón de Piedras Pintas es uno de los sitios arqueológicos más importantes de Nuevo León, pues en él se encuentran grabados perfectamente definidos que simbolizan de manera artística el ciclo del agua y de la cacería.
“Afortunadamente el sitio se conserva bien pero necesitamos establecer este convenio entre el municipio, el estado y el INAH para darle una mayor proyección y hacer un proyecto de investigación, que es lo más importante”, declaró el delegado del instituto en NL, Héctor Jaime Treviño Villarreal.
Levantar una investigación formal del sitio vendría a ofrecer mayor información sobre la importancia que tuvo este lugar para las culturas antiguas. El sitio estuvo compuesto por una especie de explanada, la cual era frecuentada por los grupos étnicos de la región y que servía como espacio de convivencia o intercambio de bienes, mientras que el Frontón de Piedras Pintas tenía la función de una especie de templo donde el chaman entraba en comunicación con la gente de su tribu durantes las fiestas o mitotes anuales, según explicó Moisés Valadez Moreno, arqueólogo del INAH Nuevo León.
“A diferencia del grabado común que vemos en Mina o en García, suponemos que aquí el grabado estuvo pintado con algún tipo de cal y después lo grababan, entonces cada vez que venían a la fiesta anual lo volvían a grabar, por eso su profundidad y anchura”, informó el especialista.
Para llegar al sitio hay que atravesar un rancho privado, por lo que se está estudiando una ruta anexa para que el futuro público pueda visitar la zona sin mayor problema. La adecuación de la zona traerá consigo también la delimitación del sitio así como la instalación de personal que vigile la conservación de los petrograbados.
En opinión del arqueólogo del INAH, antes de abrir una segunda zona arqueológica es preferible habilitar el sitio para que pueda existir un turismo controlado, buscando proteger los vestigios pero dotando de orgullo y realce a la comunidad del municipio.
“No es tan conveniente abrir tantas zonas arqueológicas pero sí habilitarlas, para que puedan ser disfrutados por la gente pero con vistas controladas, que haya un cuidador para saber quién y cuántas personas entraron a la zona”, recomendó Valadez Moreno.
Los trabajos de expropiación del área ya fueron recibidos por la actual administración del municipio de Parás, y el sitio está a la espera de la delimitación del predio para que los arqueólogos inicien los trabajos de investigación.
viene de: www.milenio.com
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